
Un regalo para vos.
A veces, cuando algo nos sale mal, estamos pasando por un momento difícil o sentimos que no llegamos a todo, aparece una voz que nos critica, nos apura o nos recuerda lo que deberíamos haber hecho mejor.
Quizás esa voz intenta ayudarnos a mejorar, evitar errores o mantener todo bajo control. Pero, aunque sus intenciones sean buenas, la manera en que nos habla puede aumentar nuestro malestar.
¿Y si pudiéramos aprender a responder de otra manera?
La autocompasión no significa conformarnos, justificar todo ni dejar de intentar. Significa aprender a tratarnos con la misma comprensión y amabilidad que ofreceríamos a alguien que queremos, especialmente cuando las cosas no salen como esperábamos.
Escribir una carta desde una voz compasiva es una forma de practicarlo. Nos permite hacer una pausa, tomar cierta distancia de la autocrítica y explorar otras maneras de comprender lo que nos pasa.
No necesitás sentirte en paz ni saber exactamente qué decir. Solo darte unos minutos para intentarlo.
Buscá un lugar tranquilo y regalate unos minutos.
Sentí el contacto de tus pies con el suelo o de tu cuerpo con la silla. Dejá que la respiración encuentre su propio ritmo, sin necesidad de cambiarla.
Si te ayuda, apoyá una mano sobre el pecho o el abdomen.
Ahora, pensá en algo que te esté costando últimamente. Puede ser un error, una preocupación, una situación que no salió como querías o esa sensación de que nunca hacés suficiente.
No hace falta elegir algo demasiado doloroso. Empezá por una situación que puedas mirar con cierta comodidad.
Imaginá que alguien que te quiere de verdad conoce lo que estás viviendo. Alguien que puede comprender tu dificultad sin juzgarte, pero que también desea ayudarte a encontrar una salida.
¿Cómo te hablaría?
Quizás recordás a alguien que alguna vez te hizo sentir acompañado o acompañada. Si no aparece nadie, podés imaginar a una persona sabia, cálida y comprensiva.
Ahora probá algo más: imaginá que esa manera de mirar y hablar también puede desarrollarse dentro de vos.
No tiene que salirte naturalmente. Estás practicando.
Tomate entre 5 y 10 minutos. Podés empezar así:
Querido/a [tu nombre]:
Imaginá que le escribís a alguien que está atravesando algo parecido a lo tuyo. Dejá que esa comprensión también pueda dirigirse hacia vos.
Si no sabés cómo seguir, estas preguntas pueden ayudarte:
No hace falta responder todas las preguntas ni escribir algo profundo. Podés usar solo la que hoy te resulte más cercana.
Escribí con libertad. No busques una carta perfecta. Buscá una forma de hablarte que te ayude a comprenderte y acompañarte.
Cuando termines, hacé una pausa y leé lo que escribiste.
Prestá atención no solo a las palabras, sino también al tono.
Preguntate:
¿Cómo me siento al escucharme hablar de esta manera?
Quizás algunas frases te resulten extrañas o difíciles de creer. No tenés que forzarte a sentir algo que todavía no sentís. Podés buscar palabras más sencillas, honestas y posibles.
La idea no es convencerte de que todo está bien, sino practicar una respuesta más comprensiva frente a lo que estás viviendo.
Guardá tu carta. Podés volver a ella cuando estés atravesando un momento difícil o cuando notes que la voz crítica está tomando demasiado espacio.
Con la práctica, podés ir descubriendo que no solo importa lo que te decís, sino también cómo te lo decís.
No siempre podemos elegir lo que nos pasa. Pero podemos aprender nuevas maneras de acompañarnos mientras lo atravesamos.
Ojalá este pequeño regalo te recuerde que no necesitás ser perfecto o perfecta para merecer comprensión, cuidado y amabilidad.
Con cariño,
Cari Barilá
Psicóloga · Mindfulness y Compasión
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